COMPAÑÍA

Centro histórico, 4 sur y Av. Juan de Palafox y Mendoza

 

Hay de fondo un tintineo, una moto y una urraca que más que los árboles sobresalen por el rechinido de su son, los coches habitan hoy más que nunca la ciudad y no porque hayan crecido en número sino porque la gente se repliega de los lugares concurridos. El templo es atendido por sus visitantes naturales que inseparables gorjean y establecen a su vez una visión del mundo en movimiento poco más pasiva, te miran, te conocen y caminan con escaso miedo buscando por comida. Las puertas permanecen cerradas pero el atrio es sitio de transeúntes, jóvenes, adultos y niños que a penas pasaban por ahí casi sin pretender, como un plan B, como ondas desplegadas hacia un destino incierto, mientras que cada moto que circula levanta más y más los decibeles del suelo tras una brusca fricción, las aves pequeñas permanecen en las alturas no vayan a ser víctimas de una frecuencia fallida que concluya un vuelo sin empezar todavía.

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