LOS FUERTES DE LORETO Y GUADALUPE

2 norte y 32 oriente

 

Limón y guanábana son los sabores de este día, el piso se cubre de mojado, de aire frío y evidencia las nubes grises, es también pretexto de patinaje y argumento de resbalones. Huele a césped recién cortado, aún resuena el eco de la máquina y podemos imaginar cuán largo eran los pastos; desde aquí se mira al horizonte y se observa el cambio con melancolía, podemos señalar recuerdos incluso detrás de algunos edificios, las fotos y las memorias se presentan uno a uno. Los caminos abiertos y las amplias posibilidades de andar se llenan de graznidos que dirigen el paisaje, todas las andanzas con los oídos abiertos nos llevan al mismo sitio, los habitantes del lago nos llaman de lejos, cruzan de una orilla a otra para ver las buenas nuevas, alimento para pato, ya satisfechos se quedan mirando sin alejarse de su parvada, sumen la cabeza, la sacuden, alzan sus alas y las cierran nuevamente y en cuanto uno dirige todos cantan al unísono y empiezan la huida, conocen bien la rutina, ellos dan la pauta y nos volvemos por unos minutos participantes de ella, donde hay agua siempre hay vida.

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